Usted da miedo

Las argumentaciones de José Miguel Mulet (autor del libro Comer sin miedo) son falaces y suponen una necesariedad entre causa y consecuencia engañosas. Decir que comer conservantes nos librará de la muerte es tan mentiroso como que yo diga que prefiero una cesárea antes que morir en un parto, porque una cosa no es consecuencia de la otra. Entre una cosa y la otra hay un universo de posibilidades que se opacan en razonamientos de su tipo (como la violencia obstétrica o la soberanía alimentaria), las mismas que desconoce cuando habla de los alimentos orgánicos sin tener en cuenta las experiencias de producción agroecológica. Si Mulet prefiere comer conservantes allá él, yo prefiero los alimentos sin agregados químicos de una industria alimentaria tramposa y codiciosa. Si prefiere las góndolas del supermercado, yo prefiero los puestos de los agricultores que apuestan a un modelo de producción con justicia socioambiental.

Está claro que como español está mirando un modelo de producción europeo, en el que lo orgánico alcanzó un nicho de mercado dentro del actual, selecto para quienes pueden pagarlo. Pero ignora que la producción agroecológica cuida la salud del suelo, de las plantas, de quienes las producen y consumen. Ah, y un dato más, contribuye a disminuir los efectos del cambio climático. Algo que, claramente, le importa un bledo al coronar la industria alimentaria como lo mejor que nos pasó como civilización. Según datos de GRAIN entre el 44% y el 57% de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen del sistema alimentario global.

Mulet dice que si tuviéramos que comer orgánico moriríamos de hambre pero no dice que además de la certificación orgánica (que es verdad que encarece los productos), existen diversas experiencias en cada país y región, que aseguran una producción sustentable como el caso de la certificación participativa en el municipio de de Bella Vista, Corrientes; o de los productores del Parque Pereyra de La Plata en donde el INTA asesora y acompaña, como en muchos otros sitios del país.

Su libro nos invita a no tener miedo, pero ignora que el miedo es una reacción del ser humano frente al peligro y sirve para defendernos. El miedo no es malo porque nos permite indagar un sistema alimentario nocivo que nos está conduciendo a explotar enloquecidamente la tierra, a bañarla cada vez con más litros de agrotóxicos, a simplificar ecosistemas diversos con el monocultivo, a expulsar campesinos de sus tierras, a generar pobreza y desigualdad social.

Les recomiendo literatura sobre el tema con una advertencia, tengan miedo, lo que están por leer les cambiará su manera de pararse frente a una góndola:  Lo que hay que tragar de Gustavo Duch; Malcomidos de Soledad Barrutti; El mundo según Monsanto de Marie Monique Robin. A propósito, también recomiendo una nota publicada en la revista Anfibia El periodismo según Monsanto.

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